Roberto Obregón
(Barranquilla, Colombia, 1946 – Tarma, Edo. Vargas, 2003)
Roberto Obregón fue un artista que reprodujo fielmente una relación unívoca entre su producción artística con sus acciones y su diario acontecer. Quienes compartimos su cotidianidad fuimos testigos de innumerables episodios a los que una vez concluidos, de manera sistemática denominaba “acción” para luego explicarnos cómo ese hecho se emparentaba con tal o cual artista de su admiración. La intolerancia, el irrespeto, la ignorancia y en general la ligereza en el tratamiento de temas que involucran un trasunto ético, disparaban su respuesta radical, inteligente e irónica. Esos gestos mínimos constituían una ventana lúcida al arte contemporáneo. Obregón se distanciaba de las convenciones de su tiempo para problematizarlas, manifestaba naturalmente una actitud contracultural como rasgo de su carácter. La crudeza y claridad con los que argumentaba sobre el arte y en especial los procesos de su propia obra, apenas daban cabida a su espontánea ternura o a su perceptible melancolía. Su lenguaje artístico se fue consolidando alrededor de la yuxtaposición de la investigación y su historia personal como un gran rompecabezas hipocodificado. De allí el poder que irradian sus imágenes como permanente retorno ontológico.
Homenajear a Roberto Obregón en esta primera edición de Cacri. Caracas Arte Contemporáneo es pertinente porque su vida fue un evento contemporáneo. Es oportuno también celebrar que el legado de Obregón ha encontrado un lugar adecuado para su investigación y difusión. Podríamos decir que el legado y por tanto el conocimiento de su obra, trastocó un destino convencional para intentar la posibilidad de transformase. Nadie mejor que la figura de Roberto Obregón para inspirar e iluminar al arte contemporáneo venezolano.
Tahía Rivero
Foto: Carlos Germán Rojas, c. 1993











